Hay libros que se parecen a un legado o una herencia. Fernando Operé ha reconstruido los paisajes de su vida sobre un fondo gris, tratando de acogerlos en el baúl eterno de la poesía. Como un cielo pequeño que alguna vez le fue dado o una casa en la infancia donde la destrucción no es posible, estos poemas guardan el misterio de quien intuye un final y se resiste a dejar de hablarnos. Porque nunca aprendió a despedirse, la melancolía construye un camino empedrado desde los años del hambre hasta la plenitud. El caminante frente al mar de niebla, el viajero que atravesó los océanos y subió a las cumbres del otoño, nos entrega el polvo y la ceniza con la maestría y la bondad de quien nada nos debe y a quien debemos todo cuanto ha escrito, como escribió Antonio Machado.
Fernando Valverde