Tanto Unamuno como Ortega se sienten vivamente interesados por las cuestiones que tienen que ver con la circunstancia española en sus más variadas vertientes, pero en sus respuestas y actitudes intentan atenerse a fundamentos rigurosos y últimos. De ahí que, hablando y escribiendo sobre lo momentáneo y efímero, nos hayan puesto en contacto con manifestaciones esenciales de la verdad, a cuya búsqueda se dedicaron de forma tan apasionada como ocasional y azarosa. El lenguaje que elaboraron sigue siendo, en lo fundamental, obligado recurso para pensar filosóficamente en español. Por ello nos sigue resultando ineludible la vuelta a su obra.