Este libro El oficio de perder, penúltimo punto del laberinto que se ha ido construyendo García Vega, es una autobiografía que no se parece a una autobiografía. «Pero ¿es posible aún leer un libro así –pregunta el poeta Carlos A. Aguilera–. Un libro neurótico, ahistórico, sin salida; que dice nada y tampoco quiere decir nada; que no sirve para descansar bajo el sol mientras los niños lanzan piedrecitas a los patos; ¿que no narra ¿Un libro hueco escrito desde ese otro hueco que es la historia y su perverso subebaja ¿Un libro fuera de tiempo y lugar; inútil Parece que sí y parece que con este libro autobiográfico, continuación a distancia de Los años de Orígenes, García Vega se coloca dentro de cierta tradición negativa que tiene entre sus mejores exponentes a Macedonio Fernández, Arlt, Felisberto o Piñera. No sólo porque reescribe desde el delirio todo el tejemaneje cubano: la revolución, el exilio, la república, Lezama, sino porque descompone su núcleo-caricaturesco-de-poder, y traza la mejor radiografía que se ha hecho, en serio “de un país como Cuba. Un país sin memoria y donde hast